
EMOCIONES!
“Juguemos a las
emociones.”
Hace ya un tiempo tuve que
empezar a razonar y comprender mis emociones. En el proceso conocí a ese
templario llamado “perdón”, por el
camino me presentaron a una gran dama a la cual denominaban “razón”, sin querer pero sin poder
evitarlo tuve que mantener alguna que otra conversación con alguien a quien
apodaban “soberbia”, entre paso y
paso se cruzó ante mí la majestuosa “coherencia”
acompañada sin duda de una deslumbrante “bondad”,
las cuales no dejaban de hablar de una tal “verdad”
que sin palabras me dejó. Sin apenas darme cuenta acabé haciendo de los amigos
de mis amigos, mis amigos y a la mañana siguiente el número de la “tolerancia” ya formaba parte de mi
agenda telefónica. Como era de suponer todo derivó en un manantial de amistosas
solicitudes vía Facebook y Messenger; entre ellas se hallaba “pereza” que aún sin que me la
presentaran en persona ya la conocía por alguno de sus motes como podría ser –desidia-,
otro de los que me agregó a esta espiral de emociones fue un grandísimo “temperamento” al que le sentenciaban un
fuerte carácter. Por lo visto su opuesto, aunque yo no entiendo él porqué, la “estupidez”. (Algunos comentan que
cuando el temperamento se te dispara y no lo sabes controlar puedes ser víctima
de un ataque de estupidez.) Entre contacto, solicitud y contacto pude observar
rezagado en una esquina de la pantalla a la “honradez”; sólo recuerdo que no decía nada, ni juzgaba, ni
criticaba, ni se hacía notar para nada, a resaltar su espectacular y hermosa
aura. Entre tanta palabra y tecla no me quedaban más fuerzas y como salido de
la nada el “raciocinio” me preguntó
como estaba. Insólito pero oportuno… porque en ese preciso momento me invadí de
un sentimiento hasta ahora desconocido; la “madurez”,
me capturó mostrándome la parte bella de las emociones vividas, sentidas y
halladas.
En persona me lo presentaron y desde ese
indescriptible, mágico e irrepetible instante puedo decir que ahora ya si que soy,
desde el preciso momento en el que conocí el “AMOR”. El momento en el que me sentí por fin plenamente “YO”.
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