lunes, 10 de septiembre de 2018

La verdadera pero desafortunada historia de la “Última encuadernación del mundo”.






La verdadera pero desafortunada historia de la “Última encuadernación del mundo”.



Un impetuoso y enérgico empujón abrió de par en par las puertas de la vetusta copistería.
-      - Lo siento! Ya sé que es tarde, pero aún me puede atender?
Verborreó entre toses y respiraciones ahogadas el chiquillo que se intuía tras el mostrador y bajo los pelos desgarbados que se veían a ras de tabla.
-      - Estábamos a punto de cerrar. Perooo… en qué te puedo ayudar?
Dijo solicito el dependiente/dueño/electricista/ limpiador/ fontanero…
El muchacho tardó unos segundos en contestar, hasta recobrar el aliento y contra todo pronóstico deslizó un bloque de hojas, tamaño DIN-A4, hacia él. Mientras que con la mirada cacha le espetó:
-     - Podría encuadernarlo por favor? Qué tardaría?
Y contando las monedas que sostenía en una mano, titubeo:
-      - Y cuanto me va a cobrar?
El dueño inmediatamente, casi de manera inconsciente, soltó las llaves y todo lo que llevaba en sus manos sobre el expositor que tantos años le había acompañado (o mejor dicho, refugiado) y se incorporó para poder prestarle mayor atención.
Se llevó la mano diestra al mentón y con pose pensativa le propuso:
-      - No te preocupes niño! Ni por las horas, ni por el dinero. Que no te pienso cobrar. Únicamente te pido una cosa…
“Tu encuadernación va a ser la última que se haga en esta casa y posiblemente en este pueblo… Así que la moneda para este intercambio te pido que sea tu palabra! Que cuentes y expliques a lo largo de los años que hubo un tiempo en el que la gente escribía en el papel y las páginas de los libros se unían mediante espirales”.
El menudo sonrió y afirmó con la cabeza. Y durante todo el proceso de encuadernación se mostró atento, entregado y ávido.
Cuando el dueño terminó, sostuvo lo que ahora ya era un libro sobre la caja registradora, abanicó sus páginas a modo de reafirmación y se lo entregó al muchacho.
Justo un segundo antes de que éste saliera por la puerta, le preguntó:
-      - Dime! Cuál es su título?
A lo que el pequeño respondió:
-      - La verdadera pero desafortunada historia de la “Última encuadernación del mundo”.



(Historias en papel... pero que somos cavernícolas!)

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