La
verdadera pero desafortunada historia de la “Última encuadernación del mundo”.
Un impetuoso y enérgico empujón abrió de par en par las
puertas de la vetusta copistería.
- - Lo siento! Ya sé que es tarde, pero aún me puede
atender?
Verborreó entre toses y respiraciones ahogadas el chiquillo
que se intuía tras el mostrador y bajo los pelos desgarbados que se veían a ras
de tabla.
- - Estábamos a punto de cerrar. Perooo… en qué te
puedo ayudar?
Dijo solicito el dependiente/dueño/electricista/ limpiador/
fontanero…
El muchacho tardó unos segundos en contestar, hasta recobrar
el aliento y contra todo pronóstico deslizó un bloque de hojas, tamaño DIN-A4,
hacia él. Mientras que con la mirada cacha le espetó:
- - Podría encuadernarlo por favor? Qué tardaría?
Y contando las monedas que sostenía en una mano, titubeo:
- - Y cuanto me va a cobrar?
El dueño inmediatamente, casi de manera inconsciente, soltó
las llaves y todo lo que llevaba en sus manos sobre el expositor que tantos
años le había acompañado (o mejor dicho, refugiado) y se incorporó para poder
prestarle mayor atención.
Se llevó la mano diestra al mentón y con pose pensativa le
propuso:
- - No te preocupes niño! Ni por las horas, ni por el
dinero. Que no te pienso cobrar. Únicamente te pido una cosa…
“Tu encuadernación va a ser la última que se haga en esta casa
y posiblemente en este pueblo… Así que la moneda para este intercambio te pido
que sea tu palabra! Que cuentes y expliques a lo largo de los años que hubo un
tiempo en el que la gente escribía en el papel y las páginas de los libros se
unían mediante espirales”.
El menudo sonrió y afirmó con la cabeza. Y durante todo el
proceso de encuadernación se mostró atento, entregado y ávido.
Cuando el dueño terminó, sostuvo lo que ahora ya era un libro
sobre la caja registradora, abanicó sus páginas a modo de reafirmación y se lo
entregó al muchacho.
Justo un segundo antes de que éste saliera por la puerta, le
preguntó:
- - Dime! Cuál es su título?
A lo que el pequeño respondió:
- - La
verdadera pero desafortunada historia de la “Última
encuadernación del mundo”.
(Historias en papel... pero que somos cavernícolas!)

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