Dando
remiendos…
Aquí me encuentro
de nuevo,
dando remiendos al
alma.
Pobre ilusa que
creía
que contigo
envejecería.
Lamento esos
momentos
en los que tú más
esperabas.
Ojala supiera
borrar
aquellos en los
que tú no estabas.
Ahora esto ya da
igual,
pusimos siempre el
corazón
y en ocasiones la
entrega.
Maldito nuestro gran
descuido,
no atender a la
razón.
Que tanto y tan
alto hablaba,
decía que juntos
ardía Troya
y nos
lastimaríamos el alma.
Como dos
adolescentes nos besamos,
nos amamos, nos juramos
futuro y amor.
Y con la misma
vehemencia
nos destrozamos el
corazón.
Dejándolo hechos
añicos,
conviviendo por el
día
en escrupulosa
corrección
y añorando ya de
noche el fuego y la pasión.
Bebimos del elixir
de la esperanza y
el cambio,
perdiendo de rumbo
el temple
y jugando a ser
Dios.
Creyendo como
chiquillos
que salvaríamos
nuestros contras
y potenciaríamos
los pros.
Disuadiendo la
coherencia
y amilanando el delirio.
Pasando de ser
amantes
a cargar con un
dilema.
Nunca habría
imaginado
que pudiera doler tanto
ese tiempo que aguanté
al final estando a
tu lado.
Pero jamás, podría
haber pensado
que para ti fuera tan
fácil
encontrar un nuevo
amor
y volver a caminar,
tan rápido y renovado.
Con mi más noble
afán,
te digo que para
mí
no existe mayor
dicha
que por fin verte
feliz.
Y si ha de ser
alejados
pero bien
acompañados
y si lo que
anhelabas lo hallaste
en otro ser y otros
brazos.
Desde el fondo mi
alma te deseo, porque lo mereces,
que halles la
felicidad y la calma,
que encuentres ya
de una vez
lo que hace tanto
tiempo que buscabas.
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