jueves, 7 de enero de 2010

Alimentando mis sueños


Un día como cualquier otro al despertar comprobé que no me acordaba de mis sueños. Tomé una taza de café entre mis manos y busqué hallar esa sensación de bienestar, que solo te produce la conjunción entre el calor que va ascendiendo desde tus manos al resto del cuerpo y ese aroma inconfundible de cuando esta recién hecho. Me senté planificando la jornada y una tarea tras otra me ivan confirmando lo lejos que me hallaba de mi misma. Me sentí un robot más sobre este mundo, un automata programado para hacer exactamente lo que nos permite ir sobreviviendo. Me daría una ducha, compraría, iría a buscar trabajo, comería, vería a algún amigo o iría a visitar a la familia, llegaría la hora de cenar y vería alguna peli; vamos que tenía por delante otro día "más". No obstante, esta rutina en otro momento me parecería de lo más agradable; pero esa mañana no fue así! Me dispuse a salir a la calle con la intención de que mis sentidos se despertasen y encontrar entre la multitud esa chispa que hiciera despertar toda mi creatividad y voluntad. -Perfecto!, me dije. Y perfecto resultó, caminé sin rumbo fijo, me metí en alguna que otra tienda de estas que ya nadie visita devastadas por los grandes supermercados y me di cuenta que el único obstáculo real estaba instalado en mi cabeza. Comprobé que hasta en estas tiendecitas tambien llegaba la revista en la que participo y hablé con las dependientas de ella y de que les parecía, me dijeron que es buenísimo que halla gente dispuesta a compartir sus opiniones con el resto del mundo. Entendí que si algo nos hace sentir llenos hemos de darnos y entregarnos por completo y luchar contra esa monotonía que tanto daño nos hace.

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